Kayashima: La estación de trenes construida alrededor de un árbol de 700 años de edad.

En los suburbios de Osaka, Japón, resalta una curiosa estación de trenes muy diferente a cualquier otra. La Estación de Kayashima tiene un enorme agujero rectangular cortado en el techo de la elevada plataforma y, desde adentro, un gigantesco árbol asoma su cabeza como un racimo de brócoli. Casi como Laputa, la isla flotante descrita en Los Viajes de Gulliver.

La edad de este gran alcanfor está calculada en 700 años.

La estación de Kayashima abrió por primera vez en 1910, en ese entonces el árbol quedaba a un costado de la estación y por 60 años no sufrió cambio alguno. Fueron el incremento de la población y la saturación del servicio de trenes, los que obligaron a aprobar una expansión en 1972 en la cual se planeaba cortar este viejo gigante.

La Estación de Kayashima en 1968

La respuesta de la gente ante la noticia fue tal, que las autoridades se vieron obligadas a modificar sus planes de derribar el árbol y lo incluyeron en el nuevo diseño, comenzando la construcción de la plataforma elevada en 1973. Fue en 1980 que comenzó operaciones la renovada estación, y a la fecha el gran alcanfor de 700 años sigue de pie gracias a la fuerza colectiva de la comunidad.

Culpos Gustosos: Capitán Mantarraya

Culpos Gustosos: Esos gustitos lúdicos por los que sientes un placer culposo que te cuesta mucho confesar.

“Y dicen, que nos vamos al barco,
Y gritan, vamos a navegar.
Vaya, vaya, vaya, Capitán Mantarraya,
Que nos vamos al mar.”

Así comienza la épica película de este temido Sinbad mexicano de 77 años, héroe de mil 100 batallas y aventurero natural. Sus aventuras han trascendido a todos los confines del mundo y sin duda un Culpo Gustoso del cual disfruto acordarme.

Germán Genaro Cipriano Gómez de Valdés y Castillo, mejor conocido como Germán Valdés Tin-Tan, participó en más de 100 películas, además de ser actor de doblaje, siendo su papel de Baloo en la película animada de Disney: El Libro de la Selva el más recordado de estos.

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Fue El Capitán Mantarraya la última película en la que Tin-Tan participó, quien fallecería en 1973. Esta joya del cine mexicano tiene más valor nostálgico que valor cinematográfico real. Su bajo presupuesto y la pobre edición sólo es rescatada por el encanto del Pachuco de México y su reparto de familiares y amigos, entre ellos sus dos hermanos Manuel “El Loco” y Don Ramón, así como su hija Rosalía.

A pesar de contar con tan pésima producción, que raya en lo ofensivo en un par de escenas largas y repetitivas, es una película que he visto en varias ocasiones. Siendo la primera vez hace muchos, muchos otoños cuando yo era un niño y la más reciente ocasión hace un par de semanas. De ahí mi idea de escribir sobre la última obra de Tin-Tan. Seguramente no será la última vez que la vea.

Esta aventura lo lleva, primero, a conseguir una tripulación lo suficientemente devaluada como para atreverse a cruzar los increíbles peligros a los que se enfrentarán para llegar a La Isla Maldita en Latitud 337, Longitud 822, lugar a donde una misteriosa mujer y su extraño acompañante pagarán una fortuna por ser llevados hasta ese temido lugar. El Pulpo Macho y La Jauría son sus dos principales enemigos a derrotar para llegar a su destino.

Una canción pegajosa que me hace sonreír con nostalgia cada que la escucho, una trama con el encanto del humor blanco mexicano y un presupuesto para llorar, hacen de esta película uno de mis Culpos Gustosos favoritos. Si la has visto, seguramente estarás de acuerdo conmigo. Si no la has visto, tienes que verla, aunque te advierto que es una película casi exclusiva para el fan de Tin Tan.

Te invito a darle una oportunidad, no te arrepentirás. O tal vez sí. Sólo hay una manera de averiguarlo.

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Si te lo perdiste, también puedes leer Culpos Gustosos: Nada Personal, publicado en DeCierto en Febrero. Nos leemos en Abril para un nuevo Culpo Gustoso.

Oyalep Santos