Delirios y Catarsis: Sigo creyendo en las historias de amor.

Hay una corta y poderosa frase, si así se le puede llamar, que he escuchado repetidamente en los últimos años: “Nunca es suficiente”. Aunque se puede aplicar, casi, a todo lo que hacemos, ésta se refiere a estar en una relación y no poder satisfacer todas las necesidades de la otra persona de la manera en que ellos quieren. La he escuchado una y otra vez y me ha hecho temerosa de lo que pienso, y de lo que siento, porque ahora me cuestiono a mi misma.

¿Será que de verdad estoy pidiendo demasiado?

¿Será lo mejor quedarme callada y conformarme?

Entre más lo pienso y le doy vueltas, una palabra sigue resonando cada vez más fuerte: ¡NO! ¿Sabes qué? No estoy pidiendo demasiado. No soy una devoradora que quiere acabar con todo lo que le dan, no soy una aprovechada que no puede ser feliz con nada.

Lo que sí soy, es una persona que quiere ser correspondida, que se entrega con pasión a alguien y espera algo de esa pasión de vuelta, alguien que necesita más que palabras para sobrevivir.

Sé que todos somos diferentes, expresamos nuestros sentimientos de acuerdo a nuestra personalidad, y actuamos de acuerdo a nuestro sentir. Pero no dejo de pensar ¿por qué soy yo la que debe ajustar sus expectativas? La que ciegamente debe aceptar las condiciones de la otra persona y estar de acuerdo con todo porque si no, entonces soy la intolerante, la exigente, la que siempre necesita más y no puede estar satisfecha con nada.

Nuevamente digo: ¡NO! No se vale hacer sentir así a alguien que te está entregando todo lo que es, alguien para quien eres prioridad todos los días, quien te expresa y demuestra su amor no sólo con palabras, si no con acciones siempre de todo corazón. Y si no te crees capaz de, por lo menos de vez en cuando desbordar pasión por esa persona, verla y sentir que explotas porque no puedes creer tu suerte, tomarla un día por los hombros y abrazarla y decirle lo mucho que te gusta, pararte en la puerta y rogarle que no se vaya esa noche…

Si no te nace nada de esto y sólo es una más, parte de la rutina, una costumbre cómoda, hazle un favor y déjala ir.

Se valiente y di adiós, no porque la otra persona sea imposible de satisfacer, más bien porque te es imposible corresponderle, si no estás dispuesto a ponerte en sus zapatos, es mejor ser honestos y cada quien que espere su final feliz, la vida decidirá si alguno se lo merece.

Sacito.

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