Delirios y Catarsis: Carta a mi otra mitad

Es difícil expresar con palabras lo que pasa por mi mente, la incertidumbre que siente mi corazón y esta pesadez que mi alma lleva por todos lados. Hablar puede ser tan sencillo a veces pero hablamos inspirados por el enojo, desesperación, confusión, tristeza; muy rara vez lo hacemos desde lo más profundo de nuestro corazón.

Hay un interesante lugar donde el corazón y nuestra mente se conectan. Ignoro si esto tiene un nombre pero sé que está ahí, justo donde nuestros pensamientos y sentimientos se unen, donde se crea un balance perfecto de lo que somos y lo que queremos expresar. Hay quienes lo predican, hay quienes lo expresan ayudando a otras personas, hay quienes bailan, quienes pintan, los que hacen música, capturan imágenes y muchas otras cosas de acuerdo a las aptitudes de cada quien.

Hoy este balance perfecto del que hablo, se siente aturdido, inestable, atribulado. Siento la necesidad de intentar escribirlo, sin dobles sentidos, sin culpas, sin acusaciones, sin reproches. Sólo con palabras y desde ese lugar especial, esperando que al final, todo se sienta más ligero y en orden.

Esto es para mi otra mitad, quien le daba sentido a tantas cosas cuando yo no podía, quien me miraba con ojos de amor cuando los míos estaban nublados, quien jamás me juzgaba aun cuando yo castigaba mis propios pensamientos, quien sabía lo que pensaba sin tener que decirlo. Esa persona que me hacía sentir agradecida todos los días por tenerla en mi vida, por quien no creía mi suerte de haber coincidido en este mundo, quien era mi familia sin compartir la misma sangre o apellido. Esa otra parte de mí que, asumí, siempre estaría presente.

Sé que tú sentías lo mismo, sé que lo que compartimos durante tanto tiempo fue genuino, puro, real.

Cuando sabes que hay alguien de tu lado sin importar nada de lo que suceda alrededor, cuando sabes que la otra persona siente la misma seguridad de tu parte, cuando se comparte un alma; parece que nada más importa. Sientes que nada tiene la suficiente fuerza para romper ese lazo, para adulterar sus anhelos y todo brilla, todo se siente en calma. Hasta el momento en que una tormenta comienza a formarse. Comienza despacio, avanza sin percibirse, y cuando menos te lo esperas ya te estás ahogando.

La realidad es que el tiempo es cruel, las burbujas se revientan, y el peso del mundo comienza a aplastarte, de repente ya no se puede respirar tan profundo, el caos comienza a ser una constante en tu vida, las cosas se complican y tu universo ya no es tan brillante.

¿Qué pasó?

Es difícil elegir una cosa y decir con certeza que eso fue la causa. La verdad es que el principio del fin se veía venir desde hace tiempo. Lo que alguna vez fue un mismo sentir, dos mentes que se complementaban a la perfección, y dos almas yendo por el mismo camino, se convirtieron en un sentir dividido, en duda y en desesperación. La costumbre de estar siempre en la misma página nos llevó a perder sentido de la realidad y a no saber cómo actuar cuando nuestros caminos inesperadamente se separaron.

Yo elegí el cambio. Mi camino se llenó de nuevas personas, de nuevos lugares, mi pensamiento comenzó a expandirse y mis prioridades se volvieron muy claras. Elegí cuidar de mí, complacerme, divertirme, equivocarme pero bajo mis propios términos y tomando responsabilidad de todo lo que viniera a mi vida. Decidí que era yo primero, no por egoísmo, sino porque me di cuenta que no podía ofrecer más a nadie, principalmente a ti, si no sabía antes quién soy, qué quiero y qué puedo entregar.

Nada de lo que hice fue con la intención de hacerte a un lado, de lastimarte, o tratar de reemplazarte. Cometí errores, dije cosas incorrectas, no contesté mensajes importantes, dejé de ir a lugares que eran nuestros y puedo admitirlo porque soy humana, no soy perfecta y mi conciencia está limpia. Porque cuando algo necesitó decirse, te lo dije de frente, con toda honestidad y sin adornos innecesarios.

Creí que toda nuestra historia podía salvar la situación pero cuando te vi con claridad, ya estábamos muy lejos, nuestros caminos demasiado separados y algo dentro había cambiado. La dinámica había sido alterada y aunque a veces por breves momentos parecía que te tenía cerca, era sólo un espejismo; estaba abrazando al vacío.

A veces pienso que te perdiste en tu camino, que me adelanté y te dejé a la deriva. Lo siento tanto, lo último que te desearía en esta vida es precisamente lo que vi, una persona confundida, perdida en sus pensamientos, pesimista, con un corazón tan grande pero ahora lleno de rencor y reproches; una persona tan llena de descontento e inseguridades que ahora solo puede alimentarse de negatividad. Alguien que ahora sólo ve mis fallas, y asume lo peor de mí. Alguien a quien no conozco y a quien definitivamente debo decir adiós. Porque sólo soy una persona y debo reconocer cuando ya no hay vuelta atrás, cuando todo lo que pueda darte no va a ser suficiente y cuando mis mejores intenciones no podrán ayudarte, porque ya no somos parte de la otra.

Así que puedo despedirme, mi corazón está en paz. No me gusta verte sufrir pero sé que tienes el derecho a sentirte como te sientes, sé que necesitas el tiempo necesario para descubrir quién eres y qué es lo que ofreces a este mundo. Y aunque nuestros caminos sean completamente diferentes y ya no pueda tomar tu mano, siempre voy a desear lo mejor para ti. Seguiré estando agradecida por tu existencia y si la vida algún día decide ponernos sobre una misma línea de nuevo, sé que será en el momento correcto y yo seré feliz.

Así que ya sea un adiós, o un hasta luego, te dejo ir.

Sacito